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Ultima bossa en Tokio
CLARÍN ESPECTÁCULOS - Sandra de la Fuente - 21/07/06
El guitarrista y compositor argentino presenta en Notorious el disco inspirado en Brasil y editado en Japón.
El guitarrista Beto Caletti es un meticuloso especialista en música brasileña. Su conocimiento de los diferentes géneros que cultiva Brasil y su dominio de la lengua es tal que no es extraño escuchar dudas sobre su nacionalidad en cada una de sus presentaciones. Es carioca pero hace mucho que vive en la Argentina, aseguraba equivocadamente una mujer con encantadora tonada portuguesa en Notorious, sitio en el que Beto Caletti presenta todos los viernes de julio y agosto su último disco grabado en vivo en Japón.
La inmersión de Caletti dentro de la cultura brasileña aleja cualquier sospecha de parodia. Su expresión suena auténtica y los únicos momentos de distanciamiento los proporcionan las explicaciones que sobre los distintos géneros brinda entre tema y tema con generosidad y claridad didáctica.
¿Cómo llegaste a grabar ese disco en Japón?
Mi música se compra en Japón desde hace seis años. El año pasado un productor decidió editar Esquinas, mi cuarto disco. Viajé para presentar esa edición japonesa en diferentes ciudades, en una gira que duró 14 días. En una de esos conciertos se decidió que grabara en vivo este disco solista que ahora presento en Buenos Aires.
¿Qué particularidades encontraste en el público japonés?
Los japoneses son en general muy sensibles y tremendamente estudiosos; cuando se interesan por algo, se meten con todo. Del mismo modo, cuando escuchan un show lo hacen con una concentración asombrosa. Por esa razón, durante el primer show, tuve un momento de incertidumbre cuando terminé el primer tema y no escuché ningún aplauso. En esos segundos que se hicieron muy largos pensé que no les había gustado o que no tenían el hábito de aplaudir. Pero finalmente cuando hice el gesto de abandonar el instrumento soltaron el aplauso, chiflidos y hasta unos gritos agudísimos que —según me explicaron más tarde— son su forma de manifestar alegría. Ahí comprendí que no aplaudían porque respetan hasta el último segundo de música. Esa costumbre, que puede ser muy incómoda para nosotros, se convirtió en ventaja cuando grabé el disco en vivo: sobre el final de cada tema, antes del último acorde levantaba la cabeza para escuchar el aplauso, para que no quedara registrado ese vacío.
¿Cuál es el mercado de la música brasileña en Japón?
No lo sé. Sí puedo decir que hay más música brasileña en Japón que en Brasil. En Japón están los discos brasileños que no se consiguen en ninguna parte; se editan allí muchísimas cosas: Joyce editó en Japón, Dorival Caymmi también. Hay un bar muy pequeño que se llama Pra©a Onze —en homenaje a ese sitio de Río, epicentro del samba—; allí tocaron todos los músicos brasileños que puedas nombrar. La gente que se acerca a ese bar habla portugués y conoce la música de Brasil. Los japoneses tienen un poder adquisitivo altísimo y una buena predisposición para consumir; si a un japonés le gusta una música en particular compra el disco y también todo lo que se relacione con eso. Hice conciertos en diferentes ciudades ubicadas a 400 km de distancia una de la otra y sin embargo, en muchas oportunidades, a la salida de las presentaciones me encontraba con que un mismo grupo de gente venía a saludarme. Era gente que había tomado el tren bala para poder escucharme otra vez.
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